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Pasado · Presente · Futuro

A raíz de mi nuevo perfil en Instagram, que he bautizado como @elcaminanteslow, quería dejar aquí fijadas las ideas de los tres primeros posts, donde marca un poco el camino que quiere seguir este perfil, de aprendizaje, de sumar con voluntad expansiva para que los pequeños cambios sean grandes.


PASADO

Pues así comienza la cosa. Tan simple como un pequeño retablo fotográfico desde donde yo creo que parte todo. Lo que sale en estas imágenes es la Sierra de O Courel (que sale como fotografía completa en este artículo de la web), las primeras montañas que divisan los peregrinos que entran en Galicia andando durante el Camino de Santiago. Tierra de mi madre por la que he sentido una extraña vinculación casi espiritual, que cada año va cogiendo forma en las pieles y los pensamientos.

Este año el maldito virus, que ha traído algunas tristezas consigo, no me ha dejado escaparme esos días que, en los últimos años, eran una reconexión con la vida. Por allí, colgada de las montañas, la pequeña aldea de mi madre, y allí, también, todavía mis tíos y mis primos, resistiendo al paso del tiempo.

Recuerdo como la última vez que estuve recogí algunos repollos y patatas con mi tía. Acompañé varías veces el paso lento de mi tío, que ha pasado toda su vida rodeado becerros, porcos, galiñas, ovellas. Economía de subsistencia, que tensa las manos los trescientos sesenta y cinco días del año.

Estos tiempos, en los que siento la tierra y sus productos más cerca del corazón, me imagino muchos días caminando, siendo una especie de Thoreau libertino (“ninguna fortuna es capaz de comprar el necesario tiempo libre, la libertad y la independencia que constituyen el capital de esta profesión, la de caminar”). El pasado lo siento hoy, amasando junto a mi tía ese pan de centeno que dura semanas robusto y sabroso.

Por esos días que pasaron, hoy aquí, latiendo fuerte.

Posdata. Buscando información de O Courel, veo que desde hace poco más de un año se ha convertido en el Primer Geoparque de Galicia. ¡Estou moi feliz!




PRESENTE

El presente se escribe conjugado por la incertidumbre. Tantos miedos, propios y de la gente que me acompaña. Se hace difícil también avanzar en cambios, en visualizar objetivos, en poner el foco. Ahí estamos.

Intentar en que la vida no nos arrolle. Estos últimos meses, en que he estado haciendo un esfuerzo personal importante para que el relato de mis dos proyectos profesionales no perdiesen ni un ápice de su fuerza, me han servido para que la mirada propia fuese más intensa en esa misión / visión que al final alimenta latido y cerebro.

Esa necesidad de hacer política a través de lo que leemos, de los que compramos y comemos, de lo que hablamos con la gente que nos rodea, para cambiar hábitos, y hacer cambios en pequeñas realidades que son más grandes de lo que pensamos. No solo estamos hablando de economía, también de la salud, el medio ambiente y las relaciones sociales. Se trata de un consumo mucho más sostenible y responsable. El término de consumo local hace referencia a un tipo de economía que se basa en la comunidad.

Los límites nos los ponemos en la mente y también un poco en el corazón. Estas semanas visité en sus queserías a dos artesanos de Slow Food con los que charlo en el Mercat de la Terra muchos sábados. Hablaré de ellos en pocos días. Varias horas compartiendo con ellos su forma de vida me hizo saltar por los aires la cabeza. Ellos también tienen su misión / visión, modesta a un primer golpe de charla, pero tan llena de sentido y emoción.

El presente, hoy, es un pequeño paso hacia delante.




FUTURO


El futuro tiene nombre de mujer. De Noa, por ejemplo. Mi sobrina de dos meses ha venido a girarnos un poco la vida por la parte que amanece. Por ahí he dejado escrito los versos de un libro en el que casi desaparezco entre sus páginas. Allí, Noa, cerrando con algo de luz este tiempo de incertezas que se nos acumulan en el pecho.

“…ten la firme intención
de ser nuestro refugio.
Avivarás la leña en el pecho,
preguntarás por qué yo,
porque tanto sol y trigo
en tu cama,…”

Por ella, caminar por encima de la incertidumbre, se me presenta factible. Por ella, y un poco por nosotros. El compromiso está en el mínimo gesto. Como suelo repetir, de palabra de Carlo Petrini, la gastronomía (y la agricultura) también es política.

“…la comida está sujeta al extraño funcionamiento de las fuerzas del mercado... Invertir en comida de mejor calidad es invertir en tierra y en aire, pero también en salud y alegría. Las generaciones futuras necesitarán construir una nueva visión de la prosperidad, y también de la comida…” (Bee Wilson)

La pandemia se llevó consigo mi fe por los grandes cambios. Decidí apostar por los pequeños, centrando mi foco en mínimas acciones personales y profesionales que se sumen a otros pequeños gestos, en nuestra compra al pequeño productor o de alimentos más sostenibles; en nuestro ocio, acercándonos a territorios más cercanos de la vista.

Yo lo haré por Noa, por mí, por ti.